Sin Nombre…

Comenzaba a preguntarse el por qué de esas emociones que no tenían sentido. Él decía:

  • “Debe ser otra la razón por la que me siento así”
  • “Dudo que ellos sientan lo mismo”
  • “En unos días no sentiré eso”

Al mero momento de que esos pensamientos pasaban por su confundida mente, él sentía un fuerte palpitar en el pecho, uno de esos que te dicen “estás equivocado”. Tratar de negar esas dos palabras llenas de sabiduría era inútil ya que eran un mensaje de su propia consciencia que intentaba hacerle entender algo que su corazón no podía aceptar. Se miraba a sí mismo, no podía creer que esa confusión fuera tan fuerte. Sobretodo tomando en cuenta lo que él decía y creía ser:

Él aparentaba ser una persona fuerte, llena de conocimientos sobre temas que pocos sabían al respecto, responsable, con experiencia en casos fuertes y difíciles de resolver, y -para completar el círculo de perfección aparente- era de gran corazón y siempre mostraba una sonrisa ante los demás. Era, también, de esa clase de personas que a todos parecía agradarles a la vista o que -si en algún momento pensaban mal de él- la ya mencionada sonrisa hacía que todo pensamiento negativo desapareciera al instante. Y en cuestiones académicas era bastante sobresaliente y muchas personas allegadas a él intentaban superarlo al grado de que muchos superiores notaban el desempeño y la felicidad de él en ser alguien de provecho. Gracias a todas esas virtudes, él logró conseguir grandes personas las cuales confiaban en él y acudían a sus consejos muy frecuentemente.

Las dudas no dejaban de dar vueltas en su cabeza, solía caminar a lugares solitarios en busca de un momento y lugar adecuado para poder pensar las cosas con mas claridad. Ese momento nunca llegó.

Él mejor decidió buscar en otras personas las respuestas para todas esas preguntas que se originaban en su cabeza. Recurrió a su espejo, a la persona que reflejaba todas esas virtudes y vicios que él ya sabía que tenía o decía tener. Ella no supo darle las respuestas, sino más bien recarlarle más dolorosamente lo que él ya sabía y tenía claro. Su más grande soporte ya no estaba para darle un consejo, eso por tonterías ocurridas y por desacuerdos sin razón. Su mejor compañia intentaba comenzar una relación con su próximo amor y por ahora prefirió no acudir a ella por discresión. Su otro amigo estaba muy ocupado pensando en él mismo y por lo tanto no era viable.

¿Qué debía hacer él?

No hay respuesta para eso. Quizás el tiempo decidiría a base de tropezones y caidas qué era lo más correcto en esa situación pero la verdad ni él sabe si eso será posible.

La realidad es que ya casi estaba al borde de la locura. Decidir entre continuar y poder observar resultados futuros o rendirse y elegir otro objetivo era la gran problemática.

Alguna vez recibió el consejo de dejar todo, rendirse y resistir el dolor de ver como aquel problema se resolvía o desmoronaba aún más solo. Considerando esa opción podría haber sido la mejor y más sencilla. Pero él no pensaba que fuera la mejor de todas.

Intentar, tratar, perseguir un propósito ciegamente era algo que él hacía sólo por que deseaba hacerlo. Sin importar consejos, sin importar opiniones ni puntos de vista distintos al suyo. La esperanza sin sentido era su motivación para continuar con la meta aparentemente inalcanzable y la satisfacción de cambiar un mundo completamente distinto al suyo era su único objetivo en esos días en los que realmente nada más que esas cosas brillaban en él.

La respuesta quizás él no la tenía, ni la tendría. Pero los intentos en vano no son más que pruebas que él quería superar para encontrar dicha respuesta. La persona por la cual, sacrificaba gran parte de él mismo no era más que una que, con una mascara, trataba de ocultar todos sus sentimientos, irónicamente identica a él en ese único aspecto.

Cabizbajo y con los ánimos por los suelos, él continua ese camino aún hoy. Aún continua ese doloroso sendero que no le trae nada bueno a sí mismo (o por lo menos eso creen los que le rodean). Aún cree en esa persona, la quiere, la admira, le desea lo mejor. Espera que cada día se vaya dando cuenta un poco más de que realmente todos los esfuerzos que él hace por ella son únicamente para hacerlo mejorar, volverlo una mejor persona.

Y una vez más se hizo esas preguntas, las del por qué ese sentimiento. Se puede decir que ese sentimiento, aquel que le permite continuar en caminos difíciles, tiene nombre. Pero por ahora ni él mismo sabe cuál es.

¿Será otra la razón por la que se siente así? ¿Dudará realmente que él sienta lo mismo? ¿En algunos días pasarán todas las penas?

No lo sabe, pero está seguro de que, en algún momento, todo esto valdrá la pena. Que todo ese sufrimiento será recompenzado. Y no en él, si no en el otro. O por lo menos eso podemos esperar que pase.

Ojalá.

1 Response to “Sin Nombre…”


  1. 1 Javier 19 April 2009 at 3:44 pm

    Hermoso. Me gusta ese estilo de escritura. Los detalles sobran, porque la escencia es siempre la misma.

    A veces, nosotros los analíticos adquirimos tanto conocimiento sobre las reglas del mundo… que terminamos aprisionados por ellas. Una camisa de fuerza creada para nosotros, por nosostros.

    Sólo hay una salida al laberinto, y es renunciar a él. El laberinto desaparece, y entonces estarás como en el cielo.

    ¿Recuerdas cuando eras niño y te mareabas dando vueltas, y caías al suelo? ¿Recuerdas las nubes, el azul del cielo? ¡Ahh!


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